Reverentes a la Palabra de Dios

A Dios no le impresionan nuestros logros. Lo que le impresiona es nuestro deseo, reverencia y espíritu humilde cuando nos rendimos a su Palabra maravillosa.


 

Las razones por las que el mundo se ha vuelto tan inmoral y peligroso son el rechazo a Dios y el desprecio a sus leyes, mandamientos y principios.

Hay muchos que creen saber más que Dios, y no desean que nadie les diga la manera en la que deben vivir. Sabemos que las enseñanzas que Él nos da en su Palabra son para nuestro bien y que el mundo se beneficiaría al seguirlas. Pero cuando una civilización escoge ignorar o rechazar los preceptos del Señor, se corrompe rápidamente. Nuestra responsabilidad como cristianos es impactar la sociedad donde vivimos, al proclamar, honrar y vivir de acuerdo a las enseñanzas de la Palabra de Dios.

DESARROLLO DEL SERMÓN

A pesar de la corrupción en la que vive nuestro mundo, Dios nunca ha perdido el control.

El Señor sigue siendo soberano sobre toda su creación. Nos asegura que el cielo es su trono y la tierra el estrado de sus pies (Is 66.1, 2). Ni siquiera el templo de Salomón, que fue construido para la gloria del Señor, pudo contenerle. Dios no se deleita en lo que construimos o alcanzamos, se deleita en aquellos que son pobres y humildes de espíritu y que son reverentes ante su Palabra (v. 2).

El Señor siempre ha preservado la pureza de las Sagradas Escrituras, y hoy contamos con una amplia variedad de versiones que están disponible a nuestro alcance. Pero, ¿reverenciamos verdaderamente la Palabra de Dios? Esto significa que la respetamos, que la honramos, que somos reverentes en todo lo relacionado con la Biblia, pues reconocemos que es la revelación escrita que nuestro Padre celestial nos ha dado. Si en verdad tenemos un corazón contrito y humillado reconoceremos la necesidad que tenemos de su Palabra. Y además, estaremos dispuestos a rendirnos ante su autoridad para que guíe nuestra vida de acuerdo a su voluntad. Las Sagradas Escrituras son nuestra pertenencia más valiosa. Y demostramos lo mucho que la valoramos y la honramos al leerla y obedecerla.

La actitud de una persona que es reverente a la Palabra de Dios.

  • Tiene el anhelo de recibirla. Si realmente valoramos las Sagradas Escrituras, iremos al templo con el deseo de recibir las enseñanzas que nos da el Señor. Leeremos los pasajes de la Biblia, escucharemos con detenimiento y escribiremos lo que Dios revela a nuestro corazón para que no olvidemos lo que nos ha dicho. Pero esto no es algo que solo debe suceder los domingos. Si en verdad reverenciamos la Palabra de Dios, la leeremos cada día y le pediremos a Dios que nos hable por medio de ella.
  • Tiene el deseo de creerla. Como el Señor es fiel y verdadero, podemos creer en todo momento lo que nos ha dicho. Al leer las promesas que nos ha dado en la Biblia, podemos orar con más confianza sabiendo que nos escucha y que contesta cada una de nuestras peticiones, si las pedimos de acuerdo a su voluntad (1 Jn 5.14, 15).
  • Tiene la intención de obedecerla.Para reverenciar la Palabra de Dios, no solo debemos leerla y estudiarla, sino que también tenemos que obedecerla. Es en ella que encontramos nuestro alimento espiritual de cada día, sin el cual estaríamos débiles espiritual, emocional y físicamente. Pero si leemos y obedecemos sus principios y mandamientos, seremos fortalecidos en nuestro andar con el Señor. Es por medio de la Biblia que Dios nos permite recibir lo que espera de nosotros.

Los beneficios de leer la Palabra de Dios.

Cuando nos humillamos ante la Biblia y reconocemos que es Dios quien nos la ha dado, recibimos las siguientes bendiciones:

  • La Palabra de Dios nos guía a la salvación. Muchos hemos rendido nuestra vida a Cristo por medio del mensaje que otros nos dieron. Pero el camino para ser salvo es revelado de una manera sencilla en la Biblia (Jn 3.16; Ro 10.9). Somos salvos al creer la verdad revelada en las Sagradas Escrituras, ya sea que la hayamos leído nosotros mismos, o que nos la haya compartido otra persona (1 P 1.23).
  • La Biblia guía nuestros pasos. ElSalmo 119.105 nos dice: “Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino”. Si leemos y ponemos atención a las enseñanzas del Señor, nos mostrará lo que debemos decir, a dónde ir y las decisiones que debemos tomar. Su Palabra también nos muestra lo que hacemos mal y nos advierte de las consecuencias que recibiremos si continuamos por ese camino.
  • Las Sagradas Escrituras nos guían a la sabiduría. “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Sal 119.130). La Biblia es nuestra protección. Es como un escudo que nos guarda en el camino y que nos advierte de los peligros. Pero si somos negligentes y dejamos de leer y de obedecer la Palabra de Dios, no podremos distinguir entre lo malo y lo bueno.
  • La Palabra de Dios nos ayuda con nuestra carga. El Señor se interesa por cada aspecto de nuestra vida. Es por eso que podemos acudir a su Palabra, para ser fortalecidos en medio del dolor, el sufrimiento, la soledad o las enfermedades (Sal 119.28).
  • La Biblia trae gozo. Si amamos la Palabra de Dios, hallaremos gran gozo y contentamiento al leerla (Sal 119.111). Cada vez que enfrentemos situaciones difíciles, nuestra primera reacción será acudir a las Sagradas Escrituras. El Señor se encargará de guiarnos al pasaje indicado para restaurar nuestra esperanza y gozo. Y si no tenemos una Biblia con nosotros, nos recordará esos versículos que hemos atesorado en nuestro corazón. Es de esa manera que nuestro amor por el Señor y por su Palabra aumentarán y le alabaremos con gozo.
  • Las Sagradas Escrituras nos traen paz. La posesión más preciada en este mundo es la paz, pero solo puede ser hallada en el Señor. “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal 119.165). Tener paz significa confiar en algo, y cuando confiamos en la Biblia disfrutamos de la paz que Jesucristo prometió a sus discípulos (Jn 14.27). Dios honra y bendice a los que respetan y aman su preciosa Palabra. Es el tesoro más valioso que tenemos, pues contiene su mensaje escrito para nuestra vida. De principio a fin nos revela la mente y el corazón de Dios. Todo lo demás puede ser destruido, “más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Is 40.8). El Señor reina en su trono y cumple cada una de las promesas que nos ha dado en la Biblia. Es al creer y obedecer sus preceptos que nuestra vida es transformada.

 

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Sabino Larios

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